Relato del Viaje

El Despertar de la Diosa en Rapa Nui

Un viaje que apenas comienza...

 

Mi primer viaje a Rapa Nui fue una flecha al corazón desde que el canalizador chileno Diego Herrera Del Río lo anunció. El viaje consistía en ir a sembrar 11 cristales a Rapa Nui, el ombligo del mundo, un potente nodo planetario, parte del antiguo continente de Lemuria.

Estábamos en Ibiza, donde vivo hace 25 años, Diego y su equipo habían venido a la isla con el Proyecto “Siembra Luz”, para realizar una siembra de cristales en diferentes puntos de la isla, con el fin de conectar con el espíritu de Ibiza, la Diosa Tanit;  diosa fenicio – púnica, espíritu protector de Ibiza y símbolo icónico de nuestro patrimonio cultural. Yo estoy muy conectada con Tanit, cuyo arquetipo lleva la sabiduría ancestral de la madre dadora de vida, fuente de fertilidad y fortaleza. Ella representa la fuerza de la feminidad, que se alza como protectora de la comunidad, guardiana de los secretos del Universo y de las tradiciones que pasan de generación en generación. Es la Diosa que nos lleva a reconocer nuestra grandeza interior, a abrazar nuestro poder, a encontrar el equilibrio entre nuestra esencia más suave y nuestra fuerza más indomable. Es la presencia que nos invita a vivir en armonía con los ciclos de la naturaleza, a recordar que somos parte de algo mucho más grande, y que todo lo que damos regresa multiplicado. Tanit representa la magia de la manifestación, como su propia virtud de Diosa de la Fertilidad. 

Después de aquellas  siembras, quedamos re-conectados con la Diosa y muchas cosas mágicas sucedieron.

Partí rumbo a Rapa Nui, en plena temporada alta de Ibiza, dejando atrás compromisos que intenté dejar en orden, aunque algunos quedaron a medias, confiando que todo se ordenaría a mi vuelta, y que el control es sólo una ilusión. Y así escuchando el llamado de mi corazón, con una mezcla de emoción y libertad, partí rumbo a Rapa Nui, para ser parte de esta de este destino sagrado.

 

Cuando llegué a la isla, después de hacer escala unos días en Santiago, quedé abatida por la energía que percibí alli. Le llaman “mana” una fuerza energética indescriptible que me dejó aturdida 3 días. Sentí al “mana” como una energía masculina potente, poderosa y aplastante, que me dejó con pocas ganas de hablar, desconectada de mí  y con la necesidad de dormir más de lo habitual. Y así estuve los tres primeros días en Rapa Nui.

Al 4º día de estar en esta tierra, fuimos al Ahu Tongariki para ver el amanecer, donde sembramos el 5º cristal, una selenita, con el  propósito de “Activar nuestros Dones y la Magia”. Terminamos la siembra escuchando la música folklórica tradicional que los músicos locales nos estaban regalando; esas melodías tan llenas de historias y de alma, algo despertaron en mi, parecían transportar a mi ser más allá, y gradualmente en medio de esos sonidos ancestrales, pude encontrarme a mí misma. Fue como atravesar un portal, a medida que la música iba calando en mí, sentía como mi alma cruzaba a otro espacio, un umbral invisible entre dos mundos, donde el pasado y el presente se tocaban.  Era como si la isla misma abriera una puerta secreta, para que hiciera una conexión más profunda conmigo misma, con mi historia y con la tierra que me rodeaba.  Comencé a sentirme en presencia y a decodificar de forma intrínsica esos sonidos ancestrales que los sentía tan  familiares  y a la vez lejanos... y fue entonces cuando empecé a (re-) conectar con esta Tierra Sagrada.

Rapa Nui es una isla en la inmensidad del Océano Pacífico, un mundo en sí mismo, donde la vida dependía de la fuerza de su gente y de la sabiduría de sus ancestros. Los navegantes polinésicos que llegaron a la isla construyeron una sociedad que tuvo que enfrentar desafíos que pondrían a prueba su espíritu. La escasez de recursos, las guerras internas entre clanes y la lucha por la supervivencia moldearon el caráter de esta cultura. A pesar de todas las adversidades, Rapa Nui nunca se rindió. Su gente resistió el contacto con el mundo exterior, las enfermedades traídas por forasteros, la esclavitud y el despojo.  Hasta el día de hoy su espíritu sigue intacto, su energía ancestral nunca se apagó, se puede percibir su historia de guerreros y guardianes en cada roca, en cada ola y en cada moai.

Sin embargo sentía una ausencia sutil pero profunda, un vacío, una energía que no encontraba, ni en el abrazo de lo femenino en la tierra, ni en el mar, ni en las voces de la historia que nos contaban, todo estaba impregnado de una fuerza imponentemente masculina. Como si la energía de la Diosa se hubiese desvanecido, m pregunté si alguna vez había estado allí o simplemente dormía, esperando ser despertada.

En el Ahu Nau Nau en la Playa de Anakena, hicimos la novena siembra de cuarzo cristal, cuyo propósito era: “Si estás en el presente lo encontrarás, si estás en elcorazón lo verás”. Después de esa siembra cuando todos se fueron a disfrutar del mar, me quedé hablando con Hapa, la mujer originaria, que fue nuestra guía durante el viaje. De raíces profundas y mirada sabia, Hapa es una guardiana de las historias de su pueblo. Con una fuerza serena y un magnetismo que no necesita palabras, escuchó con atención lo que le pregunté:

"_Hapa, ¿Dónde están las diosas de Rapa Nui?

 _¿Dónde se esconden los espíritus femeninos de la isla?"

Ella se emocionó, guardó silencio por un momento y me respondió:
 

"_Están aquí, susurró_pero están dormidas, hayque despertarlas."

 

Sin más que decir, como si esa respuesta hubiera estado ahí, esperando el momento de encontrarme, decidimos ir al día siguiente a visitarlas. Ya habíamos ido a una de ellas, Baiaheva, el espíritu del agua, una roca con forma de mujer en lo alto del Volcán el Poike, donde habíamos realizado otra de las siembra con Diego.

Faltaban 2, Pua Ativeka, la diosa de la fertilidad y Hina, la diosa de la luna. Las 3 diosas de Rapa Nui, poseían los mismos poderes que Tanit, representando al poder femenino, capaces de inspirar vida, abundancia y equilibrio.

La tarde siguiente nos subimos al jeep de Hapa con Francisca y Romina, iniciando esta misión del despertar de las diosas. Dejando atrás los caminos marcados, avanzamos a campo traviesa la isla, conduciendo por su corazón más salvaje, lejos de las rutas habituales, la isla nos revelaba su lado más puro y secreto. Y en ese recorrido sin senderos, en la mitad de la isla, en un punto no pudimos seguir avanzando...  Seguimos la travesía a pie, aaravezando terrenos delimitados, sorteando piedras y arbustos, seguimos abriéndonos caminos no sólo por la isla sino que también por su memoria mientras caía la tarde.

Después de una media hora de trayecto, llegamos al círculo de piedra de Pua Ativeka, un lugar aislado, en medio de la vastedad de la nada. Ante nosotros, un petroglifo antiguo grabado en la roca, parecía resistir el paso del tiempo. Era la imagen de la Diosa de la Fertilidad, Pua Ativeka, con sus formas sinuosas que hablaban de la vida y la creación.

Aquí en medio del vacío, conectandocon lo divino, el petroglifo de Pua Ativeka nos hizo el recordatorio de que la isla sigue siendo un altar vivo de memoria y espiritualidad. Allí como si la isla misma nos invitara a un acto sagrado, decidimos rendir homenaje a la Diosa de la fertilidad, despertando su energía ancestral.

Cuando terminamos el ritual, nos dirigimos al círculo de piedras donde Hapa nos contó que residíala Diosa Hina, pero al llegar allí nos enfrentamos a la triste y silenciosa noticia que el petroglifo había sido sustraido, y sólo quedaba el círculo de piedra, como un eco de su presencia. Nos quedamos un rato en silencio y decidimos hacer otro ritual, el cual no sólo sería de invocación, sino de restitución.  Con respeto y reverencia, pedimos que la Diosa regresara a su lugar, que el espíritu de Hina volviera a ocupar el espacio que le pertenecía y que su luz volviera a iluminar la isla.

Con el corazón colmado y el espíritu en calma, emprendimos el regreso un poco antes de que cayera la noche, dejando atrás ese lugar sagrado envuelto en su propio misterio.

Retomamos de vuelta el camino en silencio, cada una sumida en sus pensamientos. Mientras nos alejábamos sentía que no sólo dejábamos atrás los antiguos templos ceremoniales, sino que también nos llevábamos con nosotras una verdad revelada, una energía renovada, un vínculo más fuerte con lo sagrado, y la magia del ritual esperando por nuestro regreso.

Cuando pudimos retomar el habla, coincidimos que al despertar estos espíritus femeninos, no sólo estábamos honrando la memoria ancestral, sino que también estábamos reactivando la vibración de las diosas dormidas por todo este tiempo en Rapa Nui. En ese despertar estábamos sembrando las semillas de un empoderamiento femenino espiritual, una conexión profunda con lo sagrado, con la tierra y con nuestra ciclicidad. Era como si la misma Diosa nos hubiera guiado, recordándonos que el poder de lo femenino no es sólo una fuerza interiorque permite sanarnos y transformarnos, sino que es una vibración que atraviesa el tiempo y el espacio, y nos conecta a todas en una red de luz y sabiduría.

Este acto de restitución no sólo era para la isla, era para todas las mujeres que se atreven a caminar  en su poder, a recordar quiénes somos y de dónde venimos. Un renacer colectivo, una transformación profunda que está despertando en el mundo.

Este no era sólo el inicio de una historia que apenas comienza... ya que  después de esto, siguieron sucediendo acontecimientos relacionados con el despertar femenino en Rapa Nui que te contaré en el viaje, si sientes el llamado de la Diosa de formar parte de las 7 mujeres que irán en esta misión del Despertar de Te Atua Vahine.

Con gratitud,

Flor 

 

Amanecer en Ahu Tongariki
Atravezando el portal...

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